Una de las principales causas de lesión en este deporte es la deficiente preparación física
» Es necesaria una condición física adecuada y una preparación muscular específica con ejercicios de reforzamiento y elasticidad de la musculatura del muslo (tanto de la parte anterior como de la posterior).
» Aprender una buena técnica desde el comienzo.
» Es primordial un buen mantenimiento y regulación de las fijaciones.
» Realizar siempre ejercicios de calentamiento y comenzar a esquiar muy suave y sin forzar en las primeras bajadas.
» No esquiar en condiciones ambientales y del terreno a las que nos estamos acostumbrados o desconocemos.
» Es muy importante aprender a incorporarse después de una caída.
» Evitar el cansancio excesivo, para lo cual es conveniente descansar cada cierto tiempo y aprovechar el tiempo de espera en los remontes para estirar y relajar la musculatura.
Más de cincuenta millones de personas practican esquí en el mundo. En España la afición crece, como demuestra la saturación que cada fin de semana, cuando llega la temporada, se produce en las principales estaciones de nieve. Para los aficionados al esquí, el invierno es sinónimo de nieve y el momento más esperado del año. Sin embargo, también supone el momento de las precauciones, ya que las lesiones son frecuentes en este bonito deporte.
En este sentido, la Sociedad Española de Traumatología del Deporte (Setrade) hace una llamada a extremar los cuidados para que la diversión no se vea truncada.
Lo primero de todo es una previa preparación física del deportista y una revisión de la indumentaria y del material deportivo. Lo ideal es mantener una actividad deportiva de manera regular a lo largo del año y añadir una preparación específica durante las dos o tres semanas anteriores al comienzo de la temporada de esquí, en función del nivel de esfuerzo que se prevea realizar.
Indumentaria y material
En relación con la indumentaria y el material deportivo es recomendable vigilar la calidad del material y el nivel de conocimiento y práctica del esquiador. La indumentaria debe combinar adecuadamente la facilidad para moverse, la buena transpiración manteniendo la temperatura corporal y la impermeabilidad óptima que impida que el cuerpo se moje con la nieve. No se trata de ir tan abrigado como para sudar, sino de aislarse del frío exterior. A este respecto, el pantalón es más importante que el anorak en cuestiones de impermeabilidad y convendrá que cubra la parte superior de la bota para evitar que entre la nieve.
Son también elementos imprescindibles las botas, las gafas y los guantes. Las botas han de ser cómodas y adaptables anatómicamente al pie, sin holgura. No es necesario que los calcetines sean gruesos, pues la bota ya protege por sí sola del frío. Es mejor que sean finos y más altos que la bota. Tampoco vienen mal unos leotardos finos.
En cuanto a las gafas, no vale cualquier gafa de sol, sino que han de ser acordes con las condiciones climatológicas y ofrecer una buena protección contra los rayos ultravioleta aún en los días más nublados. El color de los cristales es un factor secundario, aunque es más recomendable uno oscuro si hace sol y uno amarillo o naranja si hay niebla. Es imprescindible, asimismo, disponer de un buen par de guantes que cierren fácil y bien en las muñecas, e impidan que los dedos se mojen o se enfríen.
Conviene disponer igualmente de algún elemento, felpa, pañuelo o gorro que cubra las orejas y que no se desprenda durante las maniobras deportivas. Y aunque el día esté nublado y parezca innecesario es de obligado cumplimiento aplicarse crema solar y usar un protector labial.
En cuanto a los esquís o tabla de "snowboard", los elementos de prevención más importantes son las fijaciones. Habrá que ajustar su resistencia a la torsión, en función del nivel del esquiador y las condiciones de la nieve. Los bastones y las tablas deberán tener una longitud adecuada a nuestra estatura y nivel de práctica.
Seguridad
Antes de iniciar la jornada, es importante leer las recomendaciones de la estación de esquí. Además, conviene examinar el estado de la nieve; su calidad, muy dura (placas de hielo) o excesivamente blanda (nieve primavera) y su espesor (ojo con las rocas camufladas), condicionan la forma de esquiar.
Hay que tener cuidado en no deslizarse por zonas desconocidas y menos aún si no están debidamente señalizadas. Tampoco es conveniente detenerse en el centro de las pistas o en zonas de escasa visibilidad, ni reiniciar la marcha sin antes asegurarnos de que no viene nadie. El esquiador que va delante siempre tiene preferencia y será conveniente no pasar demasiado cerca de él al adelantarlo.
Si se sufre una caída, hay que levantarse cuanto antes y acercarse a una zona segura para ver si es posible continuar o es necesario pedir ayuda o avisar a los servicios sanitarios. Los expertos advierten, además, que hay que estar atentos a los posibles cambios bruscos climatológicos para que no nos sorprendan en una zona donde no podamos defendernos. Con escasa visibilidad aumenta considerablemente la probabilidad de colisionar con otros deportistas u objetos, así como despistarse o perderse fuera de la estación con muy pocas posibilidades de retorno. Es importante recordar que en estas situaciones el riesgo de perder la vida es real.
Dieta e hidratación
Los amantes del deporte de la nieve necesitan tomar alimentos con mayor contenido energético, sobre todo hidratos de carbono (pan, cereales, pasta, arroz y patatas), ya que se digieren y absorben con rapidez y por tanto proporcionan energía de forma inmediata.
Comer demasiado antes de hacer ejercicio no es recomendable. Por ello, se recomienda dejar pasar al menos una hora entre la comida y la vuelta al telesilla. Por el contrario, si no se ha comido durante horas es muy probable que se sienta desfallecimiento, especialmente a una altitud importante. Para evitar los mareos, hay que llevar aperitivos para tomar durante los descansos, como frutos secos o caramelos.
Por otra parte, los esquiadores novatos suelen sorprenderse de que su ropa se vea empapada en sudor a pesar del frío ambiental. A este respecto, la vestimenta de los esquiadores, el ejercicio físico intenso y el sudor pueden producir deshidratación, entre cuyos síntomas se incluyen sequedad en labios y boca, aparición precoz del cansancio, dolor de cabeza, malestar general, calambres musculares, aumento del ritmo cardiaco, etc.
Para mantenerse hidratado, hay que evitar el consumo de alcohol, ya que en lugares de gran altitud afecta más rápidamente a nuestro organismo y puede contribuir a la deshidratación y a la reducción de nuestra temperatura corporal. Para evitar la deshidratación, lo mejor es beber al menos dos litros de agua al día. También se puede optar por tomar bebidas sin alcohol, café descafeinado o zumos de frutas.
Antes de comenzar la jornada deportiva, hay que programar las actividades previstas y tener en cuenta los siguientes factores:
» El tiempo del que disponemos.
» El acceso, regreso y características de la estación.
» El tipo de actividad física que se realizará.
» Las condiciones climatológicas.
» Nuestro nivel deportivo y condición física.
» Nuestro estado de salud.
» Es importante una ingesta adecuada de alimentos y líquidos antes de iniciar el deporte; llevar agua y algún producto rico en calorías (chocolatinas, galletas, bocadillos, etc.) para tomar en las pausas que conviene realizar durante la sesión deportiva.
» Antes de calzarse la tabla o los esquís se deben realizar ejercicios de tonificación de músculos y ligamentos. Se harán estiramientos, especialmente de los músculos de los miembros inferiores (cuadriceps, glúteos, isquiotibiales, etc.), abdominales, región lumbar y cervical. La articulación más propensa a las lesiones en estos deportes es la rodilla. Ayudará a prevenirlas el realizar movimientos de flexo-extensión, laterales, agacharse y levantarse, etc.
» Atención a las pérdidas de gafas y guantes. El riesgo de lesiones por congelación en la punta de los dedos es real. Y si hemos perdido las gafas podemos sufrir quemaduras oculares que, a veces, son muy graves.
» Es fundamental controlar el esfuerzo físico para evitar la fatiga o que ésta aparezca cuando aún nos queda mucho tiempo antes de terminar la jornada. La mayoría de las lesiones se producen en las fases de fatiga, porque nuestra atención está disminuida. Debemos de hacer los descansos y paradas que nos pidan nuestras piernas.
» Mantendremos un buen estado de hidratación con agua o bebidas isotónicas. No se debe comer nieve, por saludable que parezca, pues puede contener sustancias químicas para su conservación artificial.
» Ingerir tóxicos, drogas estimulantes o alcohol aumenta significativamente el riesgo de sufrir una lesión o que ésta se vea agravada.
» Una vez finalizado el ejercicio conviene hacer estiramientos de los músculos que más han trabajado y, si es posible, darnos un buen baño caliente.
» Revisar el equipo para detectar desperfectos.
FUENTE: Sociedad Española de Traumatología del Deporte (Setrade)